26.4.10

Cuando pudo finalmente abrir los ojos, tres pares de ojos la miraban con curiosidad, asombro y un poco de miedo. intentó levantarse del piso -porque sin duda aun se encontraba en la vereda- pero sintió la nariz de Fito en la frente y eso se lo impidió. No sabía a ciencia cierta cuanto tiempo había estado tirada en el piso, y tampoco quienes eran esas personas que se veían un tanto borrosas. Escuchó de repente un voz una tanto chillona que le decía: - Nos has dado un gran susto chiquita ¿cómo te llamas?. - Lucia. dijo a penas.

- Oh, es que jamás te había visto por aquí, deja que te llevemos a mi casa y te recuestas en el sillón -dijo la voz chillona-. No alcanzó a responder cuando un par de brazos la alzaron del piso. Era un hombre, ya que pudo sentir su olor a perfume y unos brazos firmes que la sostenían. Cerró los ojos esperando sentirse mejor, pero de repente sintió como esos brazos en los que se sentía tan bien la abandonaban en un espacio blando y con un olor que mezclaba pachulí y moras, ni idea si eso era posible, pero era lo que a duras penas lograba reconocer. Se sintió cobijada por una manta y volvió a abrir los ojos. Mi perro, logró balbucear. La voz que anteriormente había hablado se materializó en una señora de pelo blanco con las mejillas rosadas, una falda de color verde musgo y una blusa blanca con botones de colores, que tenía en sus manos una taza de porcelana con un plato. - Esta afuera, le dijo. Toma esto, es té de hierbas. Espero que te sientas mejor, nos has dado un gran susto.

Lucia se sentó en el sillón y sintió como la ausencia de comida en su estómago hacia que todo volviera a dar vueltas. Se tomo la cabeza con ambas manos y la intento mantener en su lugar, respiró hondo y el aire ingresado en su organismo hizo que las ideas se ordenaran y dijo: Lo siento, yo... mi perro, no sé que fue lo que sucedió.

- Fue sólo un desmayo pequeña, nada del otro mundo, dijo la señora que ahora se sentaba también en el sillón. Toma esto y te sentirás mejor, luego ya llamaremos a tu madre.

Lucia se estremeció, no podía dejar que llamaran a su madre, no denuevo. Tenía que salir de allí y tenía que hacerlo pronto.