19.4.10

Correr.

"A veces cuando lo damos todo, cuando todo lo que era nuestro no nos pertenece más, por el sólo hecho de que se lo dimos a quién creíamos se lo merecía; ahí en esos momentos notamos que no somos nada sin el otro, porque o ya lo tiene todo o porque como nos dio todo, nos lo puede quitar TODO. Y repentinamente ahí estamos, vacíos, sólos y con la extraña sensación de que nos acaban de sacar el corazón de cuajo".

Una vez escritas esas líneas, se cuestionó porque las escribía. ¿Por qué anotaba y anotaba ideas que sentía vivía en carne propia, pero que al final del día no eran más que supuestos y cuestiones que creía pasaban en la vida real de las personas que de verdad sufrían asesinatos al corazón?. Sentía siempre bajos sus pies la superposición de otra vida, de una igual de incomprendida que ella pero con el corazón mil veces hecho polvo. Cerro las páginas de su cuaderno y se sentó en la cama, la música estaba tan alta que no lograba escuchar los ladridos de fito en el patio, la canción se detuvo y lo escucho fuerte y claro como si estuviera en su puerta. Se asomó a la ventana y lo vio. Ladraba en el patio como un histérico y si la reja hubiese estado abierta habría salido corriendo despavorido. A pesar de los gritos que le dio, él no la escuchaba. Bajó las escaleras y salió al patio, lo miró, le acarició la cabeza y le habló pero el sólo quería salir a la calle. Se rindió. Le puso el collar y lo sacó. Parecía realmente una película cómica en la que el perro corre y el amo esta siendo arrastrado por el suelo. Corrió por lo menos siete cuadras hasta que fito finalmente se detuvo. Puso las manos en sus rodillas y jadeo fuertemente, se sintió mareada y con ganas de vomitar. Se arrodilló en la acera mientras fito le olisqueaba el rostro. -Te odio fito, voy a morir. Fueron las únicas palabras que le dijo, antes de tocar el piso con la mejilla y ver un horrible hoyo negro tapar absolutamente toda la luz.