13.4.10

Cuando la puerta se cerró y él salió, cayó en la cuenta de que se había terminado. De que finalmete habían decidido ponerle fin a todo lo construido y seguir; seguir cada uno por su lado. Continuar sin escribir, sin caminar ni esperar. Decidieron que no había nada bueno porque luchar y se dijeron adiós en el silencio más absoluto. No se había terminado lo que sentían, eso estaba claro, lo que se había terminado era el tiempo, las ganas y esa delgada línea -esa que une a dos personas- se había estirado a tal punto de gastarse y finalmente con el paso de los meses romperse, ya sin otro remedio. Se quedó mirando el espacio, ese lugar sin aire, sin él. Se sintió con vacíos en todo el cuerpo; esos lugares que él llenaba, nuevamente se habían vaciado y la esperanza término por extinguirse del todo, ya no flotaba, se había ido con él. Lloró en silencio miles de veces, pero... ¿de que servía llorar en silencio ahora? Lloró de verdad, a gritos, a deseperados gritos que rompieron el silencio reinante. Se aovillo en el suelo presionandose las costillas con los brazos, y allí en ese mismo suelo se durmió esperando no despertar jamás. Se había ido, y no había nada que pudiera hacer más que llorar de angustia y desesperanza. Estaba finalmente, otra vez sola.


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