10.3.10

Mentira...

Mentira... A mi si me habían roto más allá de cualquier nueva esperanza, me habían roto el corazón tanto, que se había vuelto imposible pegar los pedazos. Y en esos intentos de comprar nuevos pegamentos ultra mega resistentes, me había visto envuelta en el descubrimiento de que ya no existía nada que pegar, lo que sea que haya tenido metido entre las costillas, en medio del pecho y la espalda se había convertido en nada más que un órgano simple de mi cuerpo; bombeaba sangre y recibía un poco a cambio, latía siempre latía, pero había perdido lo más importante: la esperanza que cualquiera podría darle alguna vez.
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Él me había partido en tantos pedazos pequeños posibles la esperanza, que no había nada que fuera capaz de pegarla otra vez.