19.8.12



No se puede pedir normalidad cuando a lo largo de nuestra vida prácticamente todo ha ido de cabeza... 


No tengo ganas de ser normal esta vez, ni tampoco de conducir en una dirección predeterminada, o del simple hecho de hacer las cosas de una línea cuando precisamente ahora quiero hacer todo lo contrario: abrir los brazos, elevarme del piso y dejar que el corazón me atruene en los oídos sin piedad.
¿Qué más da si estoy arriesgando mi parte vital, o si en algún punto voy a perder y quedarme en el piso... si justo ahora estoy pegando de a poco los pedazos?

Espero sinceramente que esa pregunta no me pegue en la frente la próxima vez...