22.7.10

Pareciera que mi cabeza gira en una juguera que va a toda la velocidad posible, mi cuerpo se mantiene fuera y el corazón está como siempre metido en una caja bajo el mar. No sé porque, pero me cuestiono cosas que no debería y pienso en si alguna vez en mi vida voy a ser capaz de querer a alguien más de lo que lo quise a él y si es que seré capaz de ponerle tanta magia a las cosas como lo hice antes. No me quiero caer en mi red de recriminaciones, y tampoco pasármela con "estas cosas" bajo el brazo, buscando un lugar donde ponerlas o como deshacerme de ellas con facilidad. Ayer noté que por mucha rabia que tenga con las cosas dichas y hechas, no puedo tener ni una pizca de odio: Yo aun ante todo, lo quiero muchísimo. Lo cual me sirve para saber que en la realidad no tengo tantas fuerzas de odiar a la gente como "creo" que puedo.
No quiero pasármela de arrepentida, ni menos mirando el suelo porque no puedo afrontar. Sé (a ratos) que lo más maduro es mirar al frente y comerme todo lo que se llama vergüenza, dejar de creer que la gente va a juzgarme y saber que aun me quedan un millón de errores por cometer y cagadas que mandarme, que el mundo no se detiene porque hice algo que "yo creo" esta algo errado y se sale de los límites del plan original y de mis auto-promesas. Al fin y al cabo a todos les pasa alguna vez y quizás millones de veces más cuático que "las leseras que me mando".    




Creer, es un verbo que quizás deba dejar de ocupar.