11.6.15




24 de diciembre y otra vez terminamos.
Esta vez para siempre, lo sé porque no
te corrí —y nos despedimos.

Sin zapatos. Sin portazos.
Doblamos ropa y nos fuimos
por caminos separados.

Dejaste esa camisa de franela
que me gustaba, pero recordaste tomar
tu cepillo de dientes. ¿Dónde estás esta noche?

Richard, es Navidad otra vez
y los viejos fantasmas vuelven a casa.
Estoy sentada junto al árbol de Navidad
Preguntándome qué hicimos mal.

Pues, no funcionamos, y todos 
los recuerdos a decir verdad no son buenos.
Pero a veces la pasamos bien.
El amor fue bueno. Me encantaba tu dormir chueco
A mi lado y nunca soñé con miedo.

Debería haber estrellas para las grandes guerras
como la nuestra. Debería haber premios
y mucho champagne para los sobrevivientes.


Después de todos los años de humillaciones,
el fracaso de varias vacaciones,
debería haber algo
para conmemorar el dolor.

Algún día olvidaremos aquel gran desastre en Brasil,
hasta entonces, Richard, te deseo lo mejor.
Te deseo amores fugaces y mucha agua caliente,
y mujeres más amables que yo.
Me olvidé la razón, pero te amé una vez, 
¿recuerdas?

Tal vez en esta época, borracha
y sentimental, estoy dispuesta a admitir
que una parte de mí, enloquecida y kamikaze,
está lista para la anarquía, te ama todavía.


Un último poema para Richard - Sandra Cisneros