22.4.15




Cuando crees que el dolor se ha disipado, que los rastros se borrarán pronto, y que pronto encontrarás la calma para poder salir a flote, algo pasa, una pequeña cosa entre las cenizas brilla como si todo dependiera de eso... mi teléfono vuelve a brillar en la oscuridad de esta habitación vacía de ti.

Los "como estás", "como va todo", "te extraño"... y aun peor "te amo",  me envían directo de vuelta, allá abajo, allá donde ya no quiero regresar. Pero no tengo como evitarlo, vuelvo a tocar el suelo con mi propia mejilla, todo es hielo y negro, todo es daño inminente, todo de regreso.

No quiero estar aquí, porque el infierno no arde, no hace calor, de hecho hace un frío glacial. Ya no estoy en el limbo, estoy en el infierno mismo de mi propia cabeza. Y a estas alturas no sé si eres tú el que me envía, o soy yo misma la que se auto-exilia a este lugar.

Los miedos son los mismos, que finalmente todo se haya terminado, que no dejemos rastro ni nada. Que el amor infinito se haya muerto, que la razón nos dé en la cara y que comprendamos que la separación es más fácil que la re-unión.

He vuelto a tocar mi propio fondo, cuando iba en alza, las cosas se han vuelto a desmoronar.
No queda nada. No existe más.