28.9.10


A veces se sabe que el día no va a ser malo, sino pésimo. El sexto sentido avisa y las cosas -por mucho que no queramos- terminan sucediendo de una u otra manera.
Hoy no fue pésimo; fue asqueroso, triste y desagradable. En el fondo siempre supe que no tenía que levantarme, pero no había excusas para quedarme en mi cama y enfermar de nuevo, aunque me habría gustado estarlo y disfrutarlo por una vez en mi vida.
El hecho es que sin quererlo, a veces herimos de la manera más horrible cuando creemos que estamos haciendo lo correcto; los lazos se rompen y las personas no siempre perdonan. En dos días desarme las cosas y quebré algo... lo sé. Sé que estoy constantemente queriendo hacer las cosas bien pero, ¿es eso algo tan malo? quizás lo sea y quizás no... sólo se que de repente de tanto aguantarme las lágrimas, ya no quieren salir, por mucho que el nudo en mi garganta se haya agrandado tal vez 3 veces su tamaño, no hay caso de que bote hacia afuera un poco de lo que me hace mal y me angustia. Me he entrenado bien, logré lo que sin duda quería: guardar todo y prohibirle a la fragilidad que salga a la superficie; el punto es que no se si eso me convierte realmente en una persona fuerte o alguien que le tiene terror a llorar, sea cual sea la razón. 



Ahora no veo soluciones. Ahora sólo me culpo. Ahora, ahora me da rabia actuar así.