29.5.11
18.5.11
Nothing is Enough.
Hay tiempos vacíos… de todo o de nada.
Hay pausas eternas y desoladas.
Hay espacios: blancos, negros y algunos grises.
Hay días, noches, inviernos, meses y años.
Y hay una época; siempre una temporada en la que nada -nada de nada- es suficiente (nothing is enough): Suficiente para luchar, para creer, para mantenerme de pie en la línea total de la vida y la constante respiración.
Juego sucio, tengo cartas de más y a veces de menos. Hago trampas y creo que gano, pero en verdad es un fiasco, todo ha sido una completa estafa a mí misma.
Me digo que no pasa nada, que va todo como deber ir, que el destino es así: predeterminado y constante, que no se equivoca en darme las cosas que me da. Pero después uso mi capacidad y me doy cuenta del engaño: No hay destino cuando no nos queremos hacer uno… y yo, definitivamente no me estoy construyendo uno, sólo estoy tratando de respirar y contándome a mí misma una historia de cuan perfecto y estable esta todo.
ERROR.
El destino no existe (no para mí); lo que sea que mueva todo eso que va a mí alrededor es, porque el mundo no se detiene para que pueda o no explicar cómo no haciendo nada, sucedan acontecimientos de una forma u otra. El punto es simple: estoy en un tiempo muerto, asesinado por mi misma para ser exactos. Tiempo infértil, desechable, odiable y por supuesto –como es la ley de mi vida- absolutamente no reembolsable.
28.4.11
Soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte... pero a veces, en días como hoy, me congelo.
10.4.11
Estoy en este raro estado en el que me cuestiono y me cuestiono cosas: Si me gusta donde estoy parada, como soy, lo que hago y lo que dejo de hacer por miedo a fallar; Si quiero seguir o si es que quiero detenerlo todo. Me ha pasado que tengo unas ganas de llorar que están por vencerme: no lloro, lo evito y lo evito! Lo odio y por eso, no es algo a lo que me caiga a menudo... pero esta última semana ha sido especialmente rara y tengo ganas de aovillarme en la cama, dejar todo pasar.
Me cuesta sonreír y eso es tan grave...
6.4.11
Extraño es el mirar a la gente a la cara, saber que tienes con ellas una historia previa, pero aun así la falsedad de todo te recuerda que ni por toda la educación del mundo, eres capaz de decir: hola. No es por el miedo, es por la pena que da recordar cosas que no valen tanto la pena como ME gustaba creer.
Que tonta.
29.3.11
27.3.11
24.3.11
17.3.11
Una cosa sucedió hace dos día mientras viajaba con mi mamá en micro...
Una pareja subió -sin pagar- con un niño de alrededor de dos años de edad. Ella: drogada, ebria y de apariencia agresiva e impulsiva; se veía joven, probablemente unos años más que yo o incluso podría haber tenido mis mismos 22 años, pero el alcohol y las drogas habían ocasionado (aparentemente) que su cuerpo envejeciera de manera sistemática, no lo sé.
Él: me cuesta definirlo, era de esas personas… me parecía que podría robarle a cada una de los que íbamos en el bus, pero eso es un prejuicio y quizás sea o no sea.
El hecho fue que comenzaron a discutir, se gritaban como si estuviesen en su casa (y no es como si les importara mucho), garabatos y algunas palabras que no supe descifrar por la manera en la que hablaban: “Flaytes”, eso eran.
En un momento, en que yo tiritaba (no sé porque), mi mamá me susurró al oído: “Que pena ese pobre bebe”. Allí caí en la cuanta que sólo me había preocupado de la ridícula discusión que estas personas tenían y no en su pequeño hijo que iba sobre la base de los asientos. El corazón se me encogió y me dolió. Tenía una melena clara hasta los hombros y la nariz sucia… En un determinado momento le grito al que creo que era su padre: “cochino culiao”.
Pensé en su futuro, en cómo sería dentro de 4 o 5 años, y que con ese riesgo tenía pocas posibilidades de no ser un delincuente drogadicto como su madre. Sentí varias cosas después de que me bajé de la micro y asimilé lo que sucedió.
¿Qué me queda por hacer?, ¿de qué manera puedes evitar algo que parece inminente?
Más que temor o pena, me sentí estúpida e inútil… ¿Qué cosas estaba haciendo por cambiar el futuro de esas pequeñas personitas en riesgo?
Sólo parece que me miro la nariz el día completo; me fijo en que si me gusta lo que veo cuando me miro en el espejo o en si me aborrezco, me preocupo de la ropa y el maquillaje, de las pinturas de uña y las cremas del pelo. Me preocupo de la banalidad en lugar de ocupar algo de mi tiempo en cambiar eso que me molesta tanto…
15.3.11
13.3.11
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